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martes, 30 de noviembre de 2010

PROLOGO

Ana María Garduño Gaxiola

Cuando los hombres que incursionan en el periodismo comprenden que esta labor tan importante no es un mecanismo para obtener ganancias comerciales sino que es la fuente primordial de la comunicación, del despertar de una sociedad hambrienta de difundir sus acontecimientos, de investigar las causas exactas del por qué de las injusticias y de los bienestares de una sociedad, se dan cuenta que es un escabroso sendero donde muchos caen y permanecen estancados en el fango, pero que de igual forma, unos tantos logran entender y despertar en el ejercicio de la libertad de sus ideas. Comprenden que la libertad de expresión sólo se puede ejercer cuando no se es rehén de los grandes poderes que corrompen y distorsionan las voluntades de los periodistas, entienden que no deben ser lacayos del peor fascista llamado “dinero” quien perversamente la mayoría de las veces se introduce entre la tinta y las notas de los mejores redactores, arrastrándolos poco a poco al camino de la mediocridad y el cinismo.


Los tiempos que hoy se viven cada vez se tornan más agitados, la humanidad naufraga entre la esperanza y la incertidumbre, en una lucha constante por VIVIR. Los destinos de millones de personas se engendran en la mentira o la ocultación, condenándolos a perecer en extrema pobreza, desconocen sus derechos fundamentales a una vida digna, viven inmersos en el abuso constante, en la marginación y en la indiferencia de sus gobiernos que viven entregados a generar insultantes riquezas para unos cuantos.

La más sublime de las profesiones se encuentra en el periodismo, porque una vez que se entiende que la adquisición de una conciencia clara, sólo se logra en el purgatorio de nuestros defectos, en la renuncia constante de la vida fácil y corrupta, en el debatir diario entre ser fiel o no en el apego a la verdad, ante la desfalleciente tentación del soborno, en la no distorsión de las palabras ni de los hechos, que se debe ser fiel en la transcripción de lo que se oye y de lo que se ve. Sólo entonces cuando entendamos que el periodismo no es vanidad ni lucro fácil, que es misión y servicio, sólo entonces podremos caminar seguros y humildes en el cumplimiento de la información, caminaremos siempre alertas en el servicio de la verdad, comunicando los hechos. En el análisis de las situaciones se podrán siempre criticar los hechos sin dejarnos seducir por la fama o el oropel. El poder de la comunicación es incalculable, por esto debemos de cuidar que conciencias turbias y manos impreparadas o necias usufructúen irresponsablemente ante el público y el propio medio de difusión esta noble tarea.