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sábado, 5 de marzo de 2011

¿Por qué no preguntamos?


Ana María Garduño

Hoy busco en la prensa, la televisión, revistas, carteles publicitarios, etc. a el moribundo reflejo de la pedagogía de la esperanza; tal parece que será imposible encontrarla si no retomamos el sentido por la pregunta, que nos provoca-convoca a asumirnos como seres humanos que podemos y debemos preguntar.
Muchas veces las personas estamos sometidas al miedo (terrorismo) a preguntar, y este miedo es más grande que las preguntas por esto nos negamos a cuestionar y callamos. Inquirir es requerir, porque se necesita información cuando no se está de acuerdo y se desea interpelar con el juicio ético,  o porque realmente estamos sorprendidos con los acontecimientos que presenciamos.
La pregunta guía, nos propone un horizonte que apela a la dirección del futuro, está antes y después de nosotros, emerge de un pasado de inconformidad y un futuro de novedad. Sólo con ella entendemos qué es lo que nos está sucediendo, qué es lo que nos hace falta, qué es lo que queremos ser y lo que buscamos. Una pregunta no puede ser un acto neutro como todos los actos del habla incluidos los descriptivos.
Preguntar-preguntarse, buscar-buscarse nos compromete, es una pragmática privilegiada, que mediante su práctica nos lleva a otra manera de ser o de pensar, un modo diferente de comportarnos para escuchar, ver, y sentir este mundo.

Como individuos que formamos una sociedad tenemos la responsabilidad de ser críticos respecto a las diferentes situaciones por la que atraviesa nuestro México. Alzar la voz y preguntarnos qué estamos proponiendo ante el pésimo funcionamiento que está viviendo nuestro país, que ahora ocupa el segundo lugar de corrupción en el mundo. Manteniéndonos en silencio vemos  caminar libremente por las calles a los más cínicos fraudeadores funcionarios de cuello blanco que ponen la muestra de cómo se hacen las “transacciones” en los altos niveles de nuestra economía. Somos mudos testigos de cómo la niñez es explotada  con trabajos “lícitos” en las empresas, la mendicidad, la pornografía y la prostitución. Y nosotros como particulares cada vez estamos más desprotegidos respecto a los abusivos y hasta a veces injustificados altos cobros que mes tras mes nos hacen pagar las instituciones del gobierno o empresas privadas. No contamos (en la realidad) con una ley, grupo o instancia que nos proteja del grosero acoso telefónico ( 2, 3 4 de la mañana) realizado por empresas o bancos voraces, nos hace victimas muchas veces, tan sólo por el retraso en algún pago. Qué decir cuando por miedo a las represalias que puedan tener los directivos de las escuelas para con nuestros hijos, no nos atrevemos a decir que el art. 3ro constitucional es un canto de sirenas cuando nos dice que la educación pública en México es gratuita. Se nos imponen estereotipos de cómo ser padres, de cómo se conforma una familia, y hasta de cómo se debe ser mujer, si no encajamos dentro de ellos nos invalidan hasta hacernos disfuncionales, esclavizándonos a un ritual de comportamiento diario en donde se empieza a ceder por la palabra y más tarde se terminará por ceder en las cosas, presenciando la lenta y agonizante muerte de la praxis educativa.
¿Sería justo vivir en un “mundo feliz”? en donde se terminará por aceptar cualquier situación que se nos imponga, convirtiéndonos cotidianamente en mudos entes etiquetados, que aceptan toda una serie de discursos y cancelan la interpelación y los cuestionamientos.

Abandonemos este terror psicológico que poco a poco nos consume e invalida, estacionándonos en este otro rostro de nuestro territorio nacional. Dejemos de ser la victimas donde nosotros mismos nos negamos la oportunidad de formar hábitos, actitudes, capacidades y competencias que nos den la fuerza para hacerle frente a la victimización del terrorismo; a este término que se utilizó de manera general en la Francia del siglo XVIII, término que sirvió para adquirir el dominio ya fuera con fines económicos, políticos, ideológicos o religiosos, trasgrediendo las normas legales, establecidas por los Estados democráticos.
 No dejemos que nuestras preguntas se cancelen por el miedo a preguntar, o porque nos hagan creer que puedan ser tontas o carentes de valor. Sólo una sociedad pensante que cuestiona, tendrá la fuerza de la transformación. Hablemos para dejar de ser un país tercermundista, abusado por sus políticos y dirigentes y ahora por el crimen organizado. Incrementemos  nuestro valor para vivir, exijamos que se nos cumplan y respeten nuestras garantías constitucionales, así como nuestro capital intelectual y por añadidura vivamos sin miedo,  ya que este amordaza y mata. Nada mejor que el fascismo para educar a la ciudadanía, para amordazar la lengua y las preguntas. Usted ciudadano, usted decide.